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Cazador sobrevive al ataque de un oso

Cazador sobrevive al ataque de un oso

Cazador sobrevive al ataque de un oso

Septiembre y octubre suelen ser meses de caza. Muchas zonas de Alaska, gestionadas por el estado, abren la veda. El departamento de caza y pesca realiza el seguimiento de las principales especies (ciervos, caribús, alces, osos…) y determina cuántos ejemplares pueden ser cazados. Cada residente de Alaska que lo solicita tiene derecho a un determinado número de animales (herbívoros), que varía cada año. Esta asignación corresponde a una zona, según el lugar de residencia. Una persona puede cazar por otros.

No es caza comercial, es decir, no se puede vender el derecho a cazar una presa, ni se puede vender el fruto de la caza. Esta caza está directamente pensada para la población que vive en una economía de subsistencia. La carne que comen es la que cazan.
Los cazadores suelen organizarse por zonas, raramente van solos. Al cazar un alce o un gran ciervo, hay que conservarlo, cortar su carne, trasladarlo a cámaras frigoríficas, repartirlo… Muchos pueblos suelen tener grandes congeladores comunitarios, para poder conservar la carne que ha sido repartida entre los habitantes.

La cacería suele realizarse en zonas remotas, donde los cazadores pasan muchos días, en campamentos.

La noticia que me lleva a explicaros todo esto es que en una de esas “expediciones” de caza de alces, un cazador fue atacado por un oso. Los gritos alertaron a sus compañeros, que llegaron a tiempo para disparar contra el oso y matarlo. A continuación, con teléfonos satélite, pidieron ayuda. En medio de la tundra, hicieron un fuego (se hacía de noche y en septiembre, ya empieza a refrescar en Alaska) para mantener caliente a su compañero, y conseguir que no se durmiera y perdiera la conciencia. Parece que las heridas eran de nivel, no podía moverse, y tenía mucho dolor. Al cabo de 4 horas, llegó un helicóptero de los guardacostas de Alaska, y se llevó al herido hacia un hospital. Lo operaron, y seguramente no será la última vez. Pero parece estar bien.

Vivir en una economía de subsistencia en Alaska tiene sus ventajas, pero también tiene sus inconvenientes. Queda muy lejos de los estándares y valores del mundo urbano.

Autor: Francesc Nolla

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